jueves, 3 de noviembre de 2011

Trastornos de ansiedad en la infancia y adolescencia








Capítulo 36
Tratado de Psiquiatría.
TRASTORNOS DE ANSIEDAD EN LA INFANCIA Y ADOLESCENCIA.

M. C. Ballesteros Alcalde, J. A. Aguado Mañas, C. Pérez Puente
Fuente:
http://www.psiquiatria.com

RESUMEN
INTRODUCCIÓN

Los trastornos de ansiedad en la infancia y
adolescencia tienen una alta prevalencia siendo, posiblemente, una de las categorías clínicas más frecuentes en estas edades, a pesar
de lo cual la investigación en este campo ha sido relativamente reciente. El hecho de que la ansiedad en
esta etapa de la vida pueda ser considerada como
una emoción propia de un estadio del desarrollo,
además de un síndrome o un síntoma asociado a numerosos cuadros clínicos, dificulta sin duda su estudio. Por otro lado, diferenciar la ansiedad normal de
la patológica es uno de los retos de la psiquiatría en
general. En el caso del niño hay que tener en cuenta,
asimismo, que determinadas reacciones de ansiedad
pueden considerarse normales a una edad y patoló-
gicas en otros momentos evolutivos.
Especialmente problemático es establecer los límites entre ansiedad normal y patológica, teniendo en
cuenta que muchas formas de ansiedad infantil no só-
lo son normales en determinadas edades, sino que
además desempeñan una importante función adaptativa en el desarrollo evolutivo. Para algunos autores,
la ansiedad patológica se definiría como una desviación cuantitativa, de manera que tan solo las formas
más extremas podrían diagnosticarse con seguridad,
persistiendo la dificultad para establecer a partir de
qué grado esta ansiedad se consideraría excesiva.
Otros mantienen, sin embargo, que no sólo existen
desviaciones cuantitativas, sino que algunas entidades
pueden ser cualitativamente diferentes de la ansiedad
considerada normal. Klein señala que para el diagnóstico de trastornos de ansiedad en la infancia, además del grado de malestar y la disfunción ocasionada,
es importante considerar la inflexibilidad de las respuestas afectivas del niño, la cual constituiría un importante indicador patológico (Klein, 1994).
También el estadio evolutivo en el que aparece la
ansiedad es un factor importante para distinguir la
ansiedad patológica: la ansiedad de separación, por
ejemplo, sería común en el primer año de vida, pero
no podría explicarse fácilmente en la adolescencia.
Finalmente, algunos estudios insisten en la importancia de incluir, como criterio diferencial entre ansiedad normal y patológica, el grado de disfunción y
repercusión socio-familiar y académica que los síntomas provocan en el niño, y no contemplan que pueda considerarse una ansiedad como anormal cuando
una cierta disfunción de estas áreas no está presente
(Klein, 1994; APA, 1994).
EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL CONCEPTO
DE ANSIEDAD Y CLASIFICACIONES ACTUALES
Si se revisan los términos y clasificaciones utilizados en los últimos años para designar y englobar los
trastornos ansiosos en la infancia y adolescencia es
muy posible que surja una inevitable confusión debido a la profusión de los mismos y a las diferentes
conceptualizaciones que subyacen en las principales
clasificaciones diagnósticas vigentes. Es por esto que
una breve revisión histórica de las mismas puede
ayudar a un acercamiento y mejor comprensión de
la situación actual.
A mediados del siglo XX la psiquiatría comunitaria, y fundamentalmente sus representantes americanos, estaban influenciados por los postulados de
Freud, el cual enfatizaba la importancia de las diferentes y características fases evolutivas del desarrollo
psicosexual del niño como generadoras de ansiedad,
y atribuía la psicopatología ansiosa al fracaso en la
resolución de los conflictos que surgen en el desarrollo evolutivo del niño (Livingston, 1996). De hecho,
fue Freud en 1854 quien definió nosológicamente la
“neurosis de ansiedad”, diferenciándola y separándola del concepto más amplio de “neurastenia”, que
hasta ese momento abarcaba todas las formas de ansiedad patológica, dándole la categoría de síndrome,
aunque todavía la consideraba de forma global, sin
distinguir diferentes formas de ansiedad (Díez, 1991).
En este contexto surge el DSM-I (APA, 1952) intentando unificar los divergentes criterios y clasificaciones existentes hasta aquel momento. Esta primera aproximación contenía un glosario descriptivo de
las diferentes categorías diagnósticas a las que denomina “reacciones” siguiendo la terminología de Meyer (Díez, 1991). Así la “Reacción psiconeurótica”
incluía: reacción de ansiedad, reacción disociativa,
reacción conversiva, reacción fóbica, reacción obsesivo-compulsiva y reacción depresiva. Implícitamente
el núcleo de todos estos trastornos era la ansiedad y
la manifestación clínica difería en función de los mecanismos de defensa y afrontamiento de los individuos (Livingston, 1996). Posteriormente su sucesor,
el DSM-II (APA, 1968) presentó una amplia subdivisión del concepto de neurosis, e incluyó amplias descripciones de síntomas y signos característicos de cada trastorno, renunciando a estructuras teóricas, aún
cuando todavía sin criterios diagnósticos específicos.
Sobre la base de importantes trabajos de investigación que durante los años siguientes se llevaron a
cabo, comenzaron a individualizarse diferentes trastornos de ansiedad en función de su sintomatología
clínica, antecedentes familiares, inicio y evolución.
Dichos estudios cristalizaron en los criterios diagnósticos del DSM-III (APA, 1980), que supusieron un
importante avance en la clasificación de los trastornos ansiosos. Un grupo de trastornos fue identificado como de “inicio en la infancia y adolescencia” y
de ellos, los que incluían la ansiedad como primera
manifestación: trastorno por ansiedad de separación, trastorno por evitación y trastorno por ansiedad excesiva, a los que se unían los trastornos ansiosos incluidos en la parte general y que también
pueden presentarse en la infancia: agorafobia con o
sin ataques de pánico, trastorno de pánico, fobia
simple y social, trastorno obsesivo compulsivo y
trastorno por estrés postraumático.
El trastorno por ansiedad de separación fue incluido en esta clasificación basándose en las aportaciones de numerosos estudios, sobre todo procedentes del ámbito escolar, que apoyaban la evidencia de
este síndrome aún cuando no se contaba con datos
suficientes que avalasen una entidad clínica propia.
Por otra parte, el trastorno por evitación surgió ante la necesidad de evitar la confusión que reinaba en
su predecesor, el DSM-II, con respecto a la categoría
diagnóstica “Reacción de retraimiento en la infancia
y adolescencia” y que incluía entre sus síntomas tanto el temor y la ansiedad ante relaciones sociales fuera del ambiente familiar, como la indiferencia a las
mismas. Aun cuando la manifestación clínica era similar, en cuanto que estos niños tendían a evitar las
interacciones sociales, parecía aconsejable diferenciar aquellos niños que presentaban intenso temor y
ansiedad ante desconocidos y que por otra parte manifestaban interés en mantener relaciones sociales
(trastorno por evitación), de aquellos en los que la característica principal era su indiferencia a las relaciones sociales (trastorno esquizoide de la infancia y
adolescencia en el DSM-III). En esta clasificación
aparece también por primera vez el trastorno por
ansiedad excesiva en la infancia, para dar cabida a
aquellos casos en los que aparecen síntomas inespecíficos de ansiedad y que no podían concretarse en
las entidades clínicas anteriormente descritas.
A pesar de las críticas recibidas por parte de algunos autores, fundamentalmente basadas en su concepción ateórica y, según algunos, excesivamente
descriptiva, la revisión que le siguió (DSM-III-R) incluyó pocas variaciones (APA, 1987).
En la versión más reciente, DSM-IV (APA, 1994),
de los trastornos de ansiedad de inicio más frecuente
en la infancia y adolescencia solamente se ha mantenido el trastorno de ansiedad por separación, utilizándose las mismas categorías diagnósticas para los
cuadros ansiosos, ya comiencen en la infancia o en
la vida adulta. El trastorno por evitación se ha incluido dentro de la fobia social en atención a sus
similitudes fenomenológicas, y el trastorno por ansiedad excesiva en el trastorno por ansiedad generalizada, ya que eran muchos los autores que hacían
notar la inexistencia de datos clínicos y experimentales suficientes para mantener que se trataba de una
entidad independiente y diferenciada del resto de los
trastornos de ansiedad; y el solapamiento que existía
entre varias categorías diagnósticas, principalmente
con el trastorno por ansiedad generalizada, era considerable (Klein, 1994).(...)

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Trastorno antisocial de la personalidad psicopática



Noticias

Fuente: http://www.psiquiatria.com

enfermedades mentales / Tr. personalidad y hábitos / Trastorno antisocial de la personalidad(psicopática)
6/jul/2010 El Mundo. 2010 Jul

Los actos de crueldad repetidos contra animales suelen ser una señal de trastorno asocial.





Resumen

Los actos de crueldad contra los animales tienen un significado último que debería interesarnos como sociedad. Según indican los expertos, aquellos que abusan de los animales son hasta cinco veces más propensos a cometer crímenes violentos contra las personas.

En palabras de Francisco Montañés, jefe de Psiquiatría de la Fundación Hospital de Alcorcón, "jugar a matar animales que no nos inspiran compasión, como los mejillones, es bastante normal. Pero algunos niños lo hacen de forma reiterativa, incluso disfrutando, y eso es un problema".

En países como EEUU, el interés por este tipo de actos es creciente, pues de cada vez hay más evidencias de la relación entre los actos de crueldad con los animales y otros crímenes que van desde el consumo de drogas hasta los asesinatos en serie. En 2002, la revista 'Journal of the American Academy of Psychiatry and the Law' hacía público un estudio en el cual se asociaban los actos repetidos de crueldad con los animales en la infancia con el desarrollo de un trastorno de personalidad antisocial, la presencia de rasgos antisociales y el abuso de sustancias.

Montañés señala que "aproximadamente, la mitad de los individuos asociales incurre en conductas sádicas y si lo hacen antes de los 10 años el pronóstico es peor". Así, que el menor pase de un acto aislado de violencia contra un animal a cometer otros crímenes "es una escalada", añade este experto, ya que "si repites el acto y va aumentado el tamaño del animal; si se disfruta… Las posibilidades son mayores".

Núria Querol i Viñas, médico de familia del Hospital Universitario Mútua de Terrassa y miembro de la Asociación Americana de Criminología criminóloga, ha indicado que "cuando se detectan casos de menores que maltratan a animales, hay que tener cuidado porque puede haber un trastorno de conducta. No se puede pasar por alto, es una oportunidad para intervenir". La experta ha resaltado, además, la necesidad de "acudir al psiquiatra en casos de crueldad con los animales porque al principio estas personas pueden tener fácil remedio. La falta de control de los impulsos, la empatía, el manejo de la ira... son cosas que se pueden tratar si se cogen a tiempo".

Querol también ha apuntado la necesidad de instaurar en España, como ya existen en otros países, programas de intervención para trabajar con estas personas ya que "es muy importante cambiar los valores y no se hace de forma sistemática".



Noticias

enfermedades mentales / Tr. personalidad y hábitos / Trastorno antisocial de la personalidad(psicopática)
10/ago/2009 Mol Psychiatry. 2009 Ago

Los psicópatas tienen conexiones defectuosas entre la parte del cerebro que lidia con las emociones y la que maneja los impulsos y la toma de decisiones.





Resumen

Un estudio llevado a cabo con psicópatas que habían cometido asesinatos, homicidios sin premeditación, múltiples violaciones y estrangulaciones, ha hallado que los senderos que unen dos zonas del cerebro cruciales presentaban "baches", mientras que los de quienes no eran psicópatas estaban en buen estado.

La investigación del Institute of Psychiatry at King's College de Londres (Reino Unido) abre la posibilidad de desarrollar en el futuro tratamientos para los psicópatas peligrosos, dijo el doctor Michael Craig, del Instituto de Psiquiatría del Hospital del King's College de Londres, director del estudio. Asimismo, Craig señaló que estos resultados tendrían fuertes consecuencias para los médicos, los investigadores y el sistema de justicia criminal.

Para llegar a estas conclusiones, los autores estudiaron la biología de cerebro de psicópatas y mediante la técnica de imagen DT-MRI, observaron las diferencias en el cerebro que podrían explicar estos tipos de comportamiento y proporcionar un entendimiento mejor de la psicopatía criminal.

En concreto, los expertos hallaron una reducción significante en la integridad de las partículas pequeñas que forman la estructura del fascículo uncinado de los psicópatas, y observaron que el grado de anomalía estaba relacionado con el grado de psicopatía.

Estudios previos sugirieron que las disfunciones de regiones específicas del cerebro podrían estar relacionadas con este problema, pero nunca se había estudiado esta región específica.

Craig señaló que este estudio es parte de un programa de investigación y sugiere que nuevas técnicas como el DT-MRI ofrecen ahora a los neurólogos el poder de dirigirse hacia una comprensión más coherente de las posibles redes cerebrales que subyacen a la patología, y sus potenciales tratamientos.

Para acceder al texto completo consulte las características de suscripción de la fuente original: www.nature.com/mp/


Noticias

enfermedades mentales / Tr. personalidad y hábitos / Trastorno antisocial de la personalidad(psicopática)
31/oct/2011 Psiquiatria.com. 2011 Oct

El 7 de noviembre se inicia el curso virtual "ADICTOS AL CRIMEN: Asesinos en Serie Psicópatas y Agresores Sexuales Hiper-Violentos" acreditado por la CFC con 6,3 créditos.





Resumen

Docente:

DIRECTOR-PROFESOR DEL CURSO: JOSÉ MANUEL POZUECO ROMERO Pinche en el siguiente enlace para ver el CV completo y extendido: Currículum

PUBLICACIONES, PONENCIAS Y OTROS CURSOS IMPARTIDOS:

· Para ver los libros, artículos, ponencias, conferencias y otros cursos del profesor, diríjase a cualquiera de los siguientes enlaces: Club Psiquiatría y Asociación de Criminólogos de Extremadura

Para cualquier otro aspecto o consulta personalizada, contacte con el profesor: jmpozueco@hotmail.com.

Destinatarios:

ÁREA SANITARIA Y DE LA SALUD MENTAL: psicólogos, psiquiatras, médicos, PIR, MIR, etc. ÁREA JURÍDICA Y SOCIAL: sociólogos, trabajadores sociales, pedagogos, educadores sociales, periodistas, juristas, criminólogos, abogados, funcionarios de la Administración de Justicia y del Ministerio del Interior. ÁREA ACADÉMICA-FORMATIVA: docentes, investigadores y alumnos de últimos cursos de Grado, Licenciatura, Diplomatura y Postgrados relacionados con la materia.

NOTA: Para los alumnos de habla hispana, aunque no es un requisito imprescindible, se recomienda un nivel manejable del inglés leído dadas las referencias y documentos complementarios (no obligatorios) al curso (el temario principal y las evaluaciones están redactados en español, y se les atenderá igualmente en español).

INTERNATIONAL STUDENTS: Given the pleasing international importance acquired in other courses, all those people who are interested in the subject may also enroll in this course (people who speak both in Portuguese and English should have a minimum knowledge of Spanish language for the program contents, but they will be addressed in English).

NOTA INFORMATIVA / ADVICE: Para cualquier aspecto, pueden ponerse en contacto con el profesor de manera personalizada a través de su correo electrónico (jmpozueco@hotmail.com). For any question about this course, you can contact the professor via his personalized email (jmpozueco@hotmail.com).

Objetivos:

Exponer una breve introducción sobre las características principales de los psicópatas criminales. Revisar las aplicaciones principales de los modelos de las adicciones y su relación con la conducta criminal. Estudiar cuáles son los patrones psicológicos y conductuales que configuran el proceso de conversión de los agresores sexuales en asesinos en serie psicópatas. Perfilar e investigar, a través de casos de estudio, cómo son, qué piensan y cuál es el modus operandi y firma (motivación criminal) de los asesinos en serie que se han convertido en auténticos adictos al crimen.

Contenidos

PRESENTACIÓN: Las conductas adictivas no solamente se entienden en la actualidad como aquellas originadas por el consumo o ingestión de sustancias tóxicas. Las denominadas modernamente como adicciones psicológicas o adicciones conductuales son un claro ejemplo de esto mismo: adicción a las compras, a internet, al teléfono, al sexo… ¿y al crimen?

Desde hace ya más de dos décadas, desde las ciencias sociales y de la conducta se viene estudiando la relación existente entre la adicción psicológica y la conducta criminal. Tanto es así que en Inglaterra, por ejemplo, hubo jueces que incluso postularon que algunos delincuentes hiper-violentos debían padecer alguna especie de adicción a la violencia y al crimen. Los psicólogos se hicieron eco de esta hipótesis y no tardaron en ponerla a prueba. Los hallazgos más inquietantes al respecto son los estudiados en los asesinos en serie sexuales que, además, son psicópatas. Es realmente apasionante y espectacular cómo las bases teóricas de la Psicología Criminal y las Conductas Adictivas y de la Criminología han sido aplicadas específicamente para estudiar a estos sujetos. Por ello, este Curso se ha estructurado de manera gradual, de modo que iremos estudiando progresivamente una serie de temas que se enlazan entre sí para dar explicación final al fenómeno que aquí nos ocupa: la adicción al crimen de los asesinos sexuales seriales y psicópatas.



Para más información e inscripciones: edusalud.com/index.cgi?wAccion=matriculacion&wAccionMat=

martes, 1 de noviembre de 2011

"Sólo el 10% de esquizofrénicos consiguen un empleo estable"











Psiquiatría
imprimir Imprimir|tamañoDisminuir TextoAumentar Texto
Fuente:
psiquiatria.diariomedico.com

INTERVENCIONES SOCIALES EN LA PRÁCTICA

"Sólo el 10% de esquizofrénicos consiguen un empleo estable"

Manuel Martín Carrasco, director del Instituto de Investigaciones Psiquiátricas de la Fundación María Josefa Recio, de Valladolid, ha explicado a Diario Médico aspectos como el pronóstico de la esquizofrenia, la incidencia en los niños y los principales avances terapéuticos.








¿Cómo es hoy el pronóstico de la esquizofrenia?
-No es bueno, sobre todo en términos funcionales. Los tratamientos están consiguiendo una condición muy significativa en algunos de los síntomas típicos de la enfermedad, como delirios, alucinaciones o trastornos del pensamiento. Pero en cambio hay otros que no mejoran, especialmente los llamados síntomas negativos y cognitivos. Como consecuencia de ello, el funcionamiento social de estos pacientes es malo. Solamente el 10 por ciento de las personas con esquizofrenia consiguen un empleo estable. Aunque hemos avanzado, aún queda mucho por hacer.
¿Cuáles son los principales avances terapéuticos?
-Los que se han producido en los últimos años son fundamentalmente la introducción de terapias farmacológicas mucho más tolerables que los fármacos clásicos. A partir de los años 80 se empezaron a introducir los llamados antipsicóticos de segunda generación, que tienen un perfil más benigno. Esto es muy importante porque se trata de tratamientos a largo plazo, ya que no son curativos sino paliativos. La eficacia de los fármacos nuevos no es mucho mejor, pero en cambio la tolerancia sí lo es, por lo que el cumplimiento terapéutico es mucho mejor y la evolución global de los enfermos es más positiva que con los fármacos clásicos.
¿Qué otras técnicas novedosas se están empleando como tratamiento?
-Sabemos que los tratamientos farmacológicos tienen que complementarse con intervenciones psicosociales, porque allí es donde no llegan los fármacos; una intervención psicosocial puede mejorar mucho la calidad de vida y la funcionalidad de la persona. Destacan en esta línea el tratamiento asertivo comunitario, la rehabilitación cognitiva, el adiestramiento en habilidades sociales y las técnicas de intervención familiar, que son muy importantes. La familia tiene una gran sobrecarga y no se la puede dejar sola; necesita ayuda, guía y acompañamiento.
¿Ha crecido el número de personas con esquizofrenia que se integran en la sociedad?
-Todavía, por desgracia, estas intervenciones psicosociales no están a disposición de la mayoría de pacientes. Sólo el 10 por ciento de las personas con esquizofrenia tienen acceso a ellas. No se ha trasladado a la práctica clínica, por lo que hay que dar cabida a este tipo de terapias y proporcionarlas. Es difícil en tiempos de crisis… Es una demanda clara, sin duda la principal, de estas jornadas.
¿Los cuidadores tienen la formación adecuada?
-Desde las Hermanas Hospitalarias, a través del Instituto de Investigaciones Psiquiátricas, estamos preparando el programa Educa, destinado a diseñar herramientas familiares de intervención. Ya hemos realizado estudios en familiares de personas con Alzheimer.
¿Es un tema tabú el de las enfermedades mentales en niños? ¿Hay pocos casos?
-No, no hay pocos. El número es creciente. Durante mucho tiempo se tuvo la infancia mitificada como una edad feliz. Por supuesto eso no es así. Claro que hay patologías. En el último borrador de troncalidades médicas, que no ha llegado a aprobarse por circunstancias políticas, el Ministerio de Sanidad reconocía la creación de una especialidad de psiquiatría infantil. Todavía no existe pero hay una conciencia clara de su gran necesidad. Las tasas son menores que en adultos, pero los casos son graves. También hay cuadros mixtos entre autismo y psicosis infantil.